QUERIDO HERMANO"

(Carta al pequeño Jonathan, que agoniza en Nicaragua)


Querido Jonathan:
Aunque nunca sabrás como es mi rostro, ni yo conoceré el sonido de tu voz, soy tu hermano. Aunque el color de tu piel y el de la mía sean diferentes, tú eres mi hermano. Aunque nos separe un océano de más de 8.000 kilómetros, tú y yo somos hermanos. El Padre Dios ha hecho posible que comamos el mismo Pan, que saciemos la sed con el mismo Agua, y que tu casa y la mía estén iluminadas por la misma Luz. El Padre Dios, que todo lo puede, nos ha concedido la gracia de la fraternidad.

Por eso, pequeño Jonathan, habiendo recibido noticias de tu enfermedad por medio del padre Ricardo, que es tu amigo y el mío, quiero escribirte esta carta, que seguramente nunca leerás.

El pasado 1 de diciembre, el día antes de que tu casa y la mía se hermanaran, los miembros de la comunidad de Montesclaros nos uníamos en oración para dar gracias al Señor por el don de la fraternidad y para pedir por ti. Fue un espacio intenso y entrañable en el que te sentí presente y cercano. No sabes, pequeño Jonathan, cuánto daría para que sintieras mi apoyo, para poder aliviar tu dolor, para que tu enfermedad tuviera cura.

¿Sabes Jonathan? En ocasiones ocurren cosas que uno no puede entender porque son ilógicas, absurdas o prematuras. Casi siempre nos rebelamos contra ellas, nos enfadamos con el Padre Dios y tratamos de pedirle explicaciones, olvidándonos de su Amor infinito e ignorando que está en todos los caminos, por muy dolorosos que sean. A veces, Jonathan, tenemos la sensación que el Padre Dios nos abandona, y entonces nos llena un vacío oscuro, lleno de silencio y de miedo, como si el recuerdo de todo lo sufrido se te empozara en el alma.

Yo me imagino cuántos porqués habrá en tu mente en estos momentos. No se dónde están las respuestas. Supongo que solo el Padre Dios puede llenar el miedo o la soledad que se pueden sentir cuando llega el momento de contemplar su rostro misericordioso, porque solo desde Él puede darse sentido al dolor. Quiero pensar que hace falta un ángel en la casa del Señor y que por eso te llama.

Poco puedo hacer por ti, pequeño Jonathan, porque ni mi rabia ni el deseo de cambiar las cosas pueden trasformar la realidad. Solo puedo seguir pidiendo al Señor Dios, que es tu padre y el mío, que te arrope y te mime en el trayecto que te falta hasta encontrarte con Él. Solo una cosa, suplicar a Santa María, que te tome en sus brazos en este tramo decisivo de tu breve vida. Ella, que tuvo fuerza y serenidad para acompañar a su hijo hasta la cruz, consolará a tus padres y a todos los que te quieren cuando entres en la casa del Padre.

Quizá pueda hacer una cosa más. Rogar que las voces de tu hogar y del mío, que el Padre Dios ha querido que sean el mismo, se unan para siempre en acción de gracias; que nuestras manos y las vuestras se conviertan en una sola mano que te acompañe allá donde te espera el Padre Dios, que todo lo llena, y donde encontrarás la paz.

Adiós, pequeño Jonathan. Recibe el abrazo emocionado y entrañable que solo pueden darse quienes se sienten de verdad hermanos.

BROTHER