“PERDER EL MIEDO”

    Estoy empezando a saturarme de oír que la Iglesia debería adaptarse a los tiempos modernos y  llegar a la realidad del hombre actual. Creo que la Iglesia, y los cristianos como miembros de la misma, deben dar un mensaje aceptable para Cristo en primer lugar, y adaptarse a su Evangelio antes que a nada. Solo desde una fidelidad radical e inconmovible a Cristo y a su Evangelio podremos pensar en la mejor forma de hacer comprender nuestro mensaje a los hombres. De otra forma podemos terminar perdiendo la verdad y también la capacidad de convocar al mundo.

    Muchas veces intentamos dulcificar las cosas para buscar el asentimiento de la mayoría, tratando de no herir ningún orgullo, de no dañar ninguna sensibilidad. Navegamos entre dos aguas, justificándonos a nosotros mismos, resistiéndonos a reconocer que es necesario perder el miedo; el miedo a que proclamar la verdad nos deje solos.

    Cuando perdemos el miedo al mundo, empezamos a vivir una experiencia bien distinta, que es  el profundo respeto que despierta Aquel que puede darnos una infinita justicia. Para abrirnos al Señor necesitamos reconocer la injusticia del mundo y nuestra propia injusticia como destructoras de la humanidad. Cuando  la justicia es una auténtica necesidad de nuestro corazón, podemos volvernos a Dios con verdadera esperanza, porque solo donde reconocemos a Dios la capacidad de juzgar por encima de nosotros mismos, se abre camino la posibilidad de una justicia que vaya mucho más allá del resultado de nuestras negociaciones y nuestros juegos de poder.

    Debemos reconocer nuestra verdad, aunque a veces sea duro. Debemos volvernos a Dios y dejarnos juzgar por su Palabra, para que esta nos purifique. Así recibiremos verdaderamente al Señor, que es quien puede destruir nuestro mal para crear en nosotros una nueva humanidad.

ALBANTA