A VUELTAS CON “LA REVELACIÓN


Este espectáculo ha dado mucho que hablar antes de su representación y quizá no sea lo más oportuno, una vez pasado, volver a hablar de él, o mejor de lo sucedido en torno a él, en cartas a diarios, comunicados u otras manifestaciones públicas.

Sin embargo, esta sección de la página web de nuestra Parroquia espero que sea foro adecuado para manifestar mi percepción acerca de este asunto.

Parto de la base de que yo no he visto el espectáculo ni he hablado con nadie que lo haya visto, por lo que no me puedo basar en esa información de primera mano. Lo que si he podido oír o leer son opiniones bastante diversas, unas de condena y otras de aprobación, independientemente de que el espectáculo haya gustado o no. Debo decir que tengo la sensación de que las descalificaciones más furibundas vienen precisamente de muchos de los que, como yo, no lo han visto.

En el supuesto de que el espectáculo pueda ofender la sensibilidad de los católicos parece oportuno afear la participación en su programación de instituciones que se nutren de la aportación de todos los ciudadanos y que, por tanto, a todos deben respetar. Hasta aquí estamos en nuestro derecho y seguro que también en nuestro deber.

Ahora bien, representantes de esas instituciones se han manifestado, con mejor o peor fortuna a juicio del oyente, pero en ningún momento se han sentido en la obligación de pedir disculpas, como se les pedía, ya que como hecho cultural lo juzgan adecuado y en nada ofensivo. Habrá que darle alguna validez a esta opinión.

Pero lo que ya no es de derecho, ni mucho menos de deber, es que, paralelamente al espectáculo en cuestión, hayamos tenido que contemplar, en mi caso únicamente a través de los medios de comunicación, otro espectáculo de fanatismo religioso que en nada ayuda a pedir respeto, cuando los ofendidos son los primeros que no respetan. Manifestarse por sentirse agredido no es insultar, increpar o zarandear.

Los que montan el espectáculo teatral han manifestado que su intención es, precisamente, una crítica a los fundamentalismos de todas las religiones sin tratar de ofender en ningún caso a los que no caigan en tales extremismos. Eso se podrá hacer con mejor o peor gusto, pero no es algo superfluo ya que ciertamente el fundamentalismo es un fenómeno que perturba en gran manera cualquier intento de convivencia pacífica y democrática.

En la medida que las “religiones”, y el laicismo puede ser una de ellas, personificadas en algunos de sus representantes más cualificados o en sus “voceros” autorizados, ven con buenos ojos, o incluso alientan, ciertas manifestaciones callejeras en vez de condenarlas, es necesario que aquellos que sí las condenamos salgamos al paso, lo digamos en voz alta. En este caso, a modo de corrección fraterna y dentro de nuestro ámbito (los trapos se lavan dentro de casa), es de rigor afear la conducta de esos hermanos que se han propasado en la calle y romper una lanza en defensa de aquellos ciudadanos que usando de su libertad y respetando a los demás han sido atropellados en su dignidad. Lo hago en nombre propio y tengo la sensación de que esta postura puede compartirla una gran parte de nuestra comunidad parroquial.

Una actitud más evangélica, un comportamiento más acorde con la novedad que significa la irrupción de la persona de Jesucristo en nuestra historia y en nuestras vidas, debería hacer que resplandeciera entre sus seguidores lo que el mismo Jesús proclamó en el sermón de la montaña: las bienaventuranzas.

Francisco Rodríguez Marín

18-12-05