SOBRE EL FOLLETO DE LA C.E.E. “TODA UNA VIDA …”

 

El pasado domingo se distribuyó en nuestra parroquia este folleto que según se nos dijo pretende informar sobre la postura de la Iglesia frente al tema de la eutanasia.

En primer lugar, valorar positivamente el gesto de unidad con toda la Iglesia española de nuestro Obispo y nuestros sacerdotes, al sumarse a la distribución de este documento. Ello permite que seamos nosotros mismos los que sin necesidad de intermediarios lo leamos y valoremos.

Dicho esto, y agradeciendo todo lo que pueda contribuir a que los católicos tengamos la mayor formación e información posible para iluminar la realidad a la luz del Evangelio, también tengo que decir que, una vez leído y meditado el folleto, siento la necesidad de manifestar algunos comentarios que me gustaría ayudaran a enfocar el problema escuchando otras opiniones.

Y éste es el primer comentario que quisiera poner encima de la mesa: no se puede confundir información con opinión, y el folleto da explicaciones que pueden ser propias de una cierta línea de pensamiento pero que, aunque la CEE parece hacerla suya, mucho me temo no refleja la sensibilidad de todos los católicos españoles.

Se afirma, por ejemplo, que “la legalización de la eutanasia precipitaría graves consecuencias sociales”.

Sin ser mi especialidad la terminología legal, me inclino a pensar que el uso del término “legalización” es una opción altamente opinable ya que, seguramente, lo que se intentará hacer en su día (parece que por el momento no entra en las prioridades de los legisladores españoles) será “despenalizar” la eutanasia, en ciertos supuestos y con las garantías que se juzguen necesarias. La trascendencia de hacer una cosa o la otra no es evidentemente la misma y las consecuencias que pudieran derivarse serían sin duda diferentes.

También se dice que “la ley tiene verdadera capacidad para imponer”.

Nuevamente me parece una afirmación opinable, no siendo difícil recordar que desde hace no muchos años hemos superado muchas prohibiciones con auténticas legalizaciones, no despenalizaciones, y los resultados no van necesariamente en ese sentido. Se me ocurre, por ejemplo, el caso del juego, y, sin entrar en datos estadísticos no siempre fáciles de interpretar que intentarían justificar lo acertado o no de la medida, lo que si puedo decir es que yo, y como yo muchas personas, nunca hemos sentido una imposición que nos lleve a jugar.

El añadir a estas afirmaciones opinables una visión apocalíptica de las cosas que van a suceder, dando la sensación de que todo lo que se pretende es destructivo para la sociedad, tampoco creo que invite a una reflexión serena.

Por último, y para no alargarme, también me parece opinable lo de la campaña mediática y la generalización que se postula en relación con el caso de Ramón Sanpedro. Creo que somos muchos los que ante este caso, y tras ver la película, no hemos llegado a las conclusiones que se pretenden, por mucho que ciertas campañas lo intenten. La puesta en escena de este hecho concreto y real no intenta en ningún momento ser representativa de lo que sucede a todos los que sufren semejante situación. No pretende ser un manifiesto a favor de la eutanasia y sí transmite la dureza de un conflicto vital y su difícil solución al margen de Dios y su proyecto. Es una invitación a la reflexión y a mi me ha hecho pensar, y seguro que no soy el único, en la necesidad de comprometerse para conseguir que la Buena Noticia del Evangelio llegue a todos los hombres, y nos haga capaces de sentir que la vida siempre es digna y por tanto no es necesario tomar decisiones erróneas para conseguir lo que no necesitamos.

En definitiva, información si, pero también oportunidad, ecuanimidad, mesura, austeridad.... para que nuestra decidida apuesta por la vida, y también por la paz, la justicia y todos los valores que emanan del Evangelio, se convierta en un mensaje de esperanza hacia una sociedad que en su busca de la felicidad, muchas veces prescinde de Dios y de las Bienaventuranzas precisamente por nuestra falta de testimonio y exceso de prepotencia.

Francisco Rodríguez Marín