VOY A TI



Me acerco a esta página porque quisiera compartir con vosotros una reflexión sobre algo que hace ya un tiempo vengo pensando.

Veo a mi alrededor mucha gente comprometida, como yo, con el ideal cristiano. Muchas personas que dicen, que decimos: Dios es amor, todos somos hermanos, debemos ser solidarios, hay que estar al lado de los que sufren, ayudar a los que lo necesitan, compartir nuestro tiempo, nuestra vida, nuestra fe... Lo decimos, lo creemos, incluso intentamos hacerlo. Pero he observado que estamos casi siempre esperando a que sea “el otro” el que venga a nosotros. Es decir, estamos dispuestos a..., pero no vamos en busca de...

Pues bien, yo pienso que deberíamos cambiar esta actitud de “ven a mí”, por otra que se llamaría, “salgo al encuentro”.
Salgo al encuentro, cuando soy capaz de ponerme en el lugar del otro, imaginar lo que necesita y dárselo antes de que me lo pida.
Salgo al encuentro, cuando le felicito por sus éxitos o le pregunto por sus problemas, antes de que me los cuente.
Salgo al encuentro, cuando acudo antes de que me llamen, cuando escucho antes de que me hablen, cuando sonrío antes de que me sonrían, cuando abrazo antes de que me lo pidan.

¿Por qué cambiar el “ven a mí” por el “voy a ti”? Sencillamente porque entre las personas, siempre hay una barrera que nos impide acercarnos, una barrera que hay que superar. Romper esa barrera, tantas veces reforzada por el orgullo, la vergüenza o el miedo, puede llegar a ser muy difícil.

Cuando alguien viene a nosotros y le recibimos con los brazos abiertos, ciertamente que amamos. Pero, si utilizamos el “voy a ti”, si somos capaces de anticiparnos a las necesidades de los demás, multiplicamos el amor.

Un beso para todos,


P.