Y, ¿Tú acoges a los miembros de tu comunidad?

Cualquier agrupamiento de personas no es ya una comunidad. Ni cualquier comunidad es ya una comunidad cristiana. Conseguirla es un trabajo lento, difícil y que requiere que todos seamos capaces de ver el valor de los que tenemos en frente.

Para que una comunidad sea verdaderamente un comunidad cristiana todos los  miembros han de sentirse queridos, aceptados, reconocidos, han de vivir la cercanía y la preocupación de los demás por cada uno/a, han de poder hablar, expresarse en libertad, ser conocido sin caretas. La comunidad ha de preocuparse por ser un espacio cálido y afectuoso, libre y cordial, atento y preocupado por los otros. Para romper el aislamiento individualista en el que nos introduce la sociedad egoísta, debemos vivir la fraternidad:

"Una comunidad es una persona nueva que une a las personas por el corazón. No es una multitud. Cada cual conserva su originalidad irreducible y el conjunto es como una orquesta. No se une a las personas ni por sus intereses, ni por sus impulsos, emociones, envidias y prejuicios, ni por sus servidumbres. No se les une más que por sus vidas interiores, que van desde ellas mismas a la comunidad"

He aquí uno de los retos de los cristianos, conseguir que personas diferentes se sientan queridas, acogidas y parte de la comunidad. Para el creyente, acoger a los demás significa esforzarse por asegurar que TODOS tengamos un lugar  dentro de la comunidad cristiana.

Para ello, debemos evitar caer en los  males muy extendidos, el individualismo, la hipocresía, la envidia y el odio. Sus síntomas son muy variados y en algunos casos difíciles de ver a simple vista.

Cuando alguno de ellos se hace exagerado, por ejemplo el desprecio, el insulto, el ataque, la crítica voraz, e incluso la no valoración del esfuerzo de cada miembro de la comunidad, se debe encender en los cristianos la luz de alarma, que nos lleve a plantearnos si hemos perdido la capacidad de acogida. Deberíamos plantearnos si muchas de las personas que se han alejado de la comunidad, jóvenes, niños, familias, catequistas, no ha sido a causa de que en un momento crucial de su vida no fueron acogidas, escuchadas, queridas, por algún cristiano o por la comunidad en general.

Quizás deberíamos reflexionar sobre nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestros hechos. Por ello, en nuestros botiquines debe haber siempre:

Mondadientes: Para acordarte de "escarbar" en los demás todas las cualidades que  tienen.

Liga: Para acordarte de ser flexible, ya que las cosas y las personas no siempre

son de la manera como tú quieres que lo sean.

Curita: Para ayudarte a curar aquellos sentimientos heridos, ya sean tuyos o de los demás.

Lápiz: Para que anotes diariamente todas tus bendiciones.

Borrador: Para acordarte que todos cometemos errores, y no pasa nada.

Chicle: Para acordarte de "pegarte" a todo aquello que puedes sacar adelante con tu esfuerzo.

(Mi favorito) Un chocolate ”Kiss”: Para que te acuerdes que todo el mundo necesita

un beso o un abrazo diariamente.

Y finalmente la bolsa de té: ¿Para qué?..., pues para tomarte un tiempo, relajarte y
hacer una lista de todo lo que tienes y recargar cada día.

Respeto: a cada ser humano que conozcas, todos somos únicos e importantes.

Comprensión: Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.

Cariño: recuerda que La verdad puede compararse con una piedra preciosa.
Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un
delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

Firmado N.C.L