“LA CUARESMA, TIEMPO DE GRACIA”

El tiempo de Cuaresma es tiempo de entrar en nosotros mismos, pues andamos muy perdidos.

Ya no sabemos si somos algo así como máquinas o tenemos algo dentro que llamamos conciencia que ha de responder de nuestra vida.

Mucho se habla hoy de crisis moral. Pero mejor la llamaríamos, crisis del mismo hombre, pues se ha quedado casi vacío por dentro y más parece un robot que solo responde a los estímulos de fuera.

Cada año el Papa nos dirige un mensaje cuaresmal que es como la consigna para este “tiempo de gracia”.

Este año Benedicto XVI nos plantea el problema del desarrollo desde la mirada de Cristo: “para promover el desarrollo integral, es necesario que nuestra mirada sobre el hombre se asemeje a la de Cristo.”

Y sigue el Papa: “…de ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades del corazón”. Necesitamos, desde la fe, mirar al mundo, al hombre, a la Iglesia y a nosotros mismos.
¿Qué está pasando en el mundo?
¿Qué está pasando en la iglesia?
¿Qué me está pasando a mí?

Y para responder a estas preguntas tenemos que entrar dentro de nosotros mismos, y después “salir” para “entrar” en el Señor.
Necesitamos sus sentimientos y criterios para llegar a sus comportamientos.
Esto sería la Cuaresma: Primero entrar en nosotros mismos y luego “salir” para “entrar” en Cristo.

El mensaje de cuaresma del Papa nos invita a recordar la encíclica “Populorum progresio”, donde el Papa Pablo VI identificaba los efectos del subdesarrollo como un deterioro de la humanidad y denunciaba las carencias materiales de los que estaban privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo.

Nuestro camino cuaresmal nos lleva a una incorporación a Jesucristo que nos capacite para entrar en la mirada de Jesús y desde ella a vivir comprometidamente la compasión y la misericordia de Jesús en nuestro propio entorno.

La Cuaresma no es un camino que nos orienta primariamente a los creyentes hacia ideales, valores y programas, sino hacia la persona misma de Dios y a la persona del hombre.

Los cristianos no nos convertimos primordialmente a ALGO sino a ALGUIEN.

José María León Acha