“ES JESÚS, EL SEÑOR”


    En este mes de Mayo, un mes dedicado a María, nuestra Madre, va acontecer muchas celebraciones en nuestra comunidad parroquial. Quizás las celebraciones más sonadas sean las Primeras Comuniones. Quisiera que la “Voz” de nuestros laicos sonara en este apartado de “Reflexiones”. Este escrito que os presento a continuación, es la reflexión de una madre de nuestra comunidad en vísperas de la Primera Comunión de su hijo.

Palabras para mi hijo antes de su primera Eucaristía

    Hoy es un día de fiesta. No porque lleves un vestido especial, o porque tengamos una comida especial. Me gustaría que pudieras prescindir de todos los adornos exteriores, de todo lo que te distraiga de lo que es realmente importante y pudieras, como en el diálogo del Principito con el zorro, mirar hacia adentro, convencido de que “solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Y lo esencial hoy, hijo, es que has vestido el corazón de fiesta para recibir a  Jesús, el Señor. El gran banquete es el que Jesús, el Señor, te ofrece invitándote a su mesa. El gran regalo, la gracia que el Señor Jesús te ofrece con este sacramento.

    Por eso, hijo, me gustaría que miraras con el corazón a cada momento de esta ceremonia en la que vas a recibir tu primera Eucaristía.

    Es Jesús, el Señor, el que te hace único, haciéndote destinatario de su Evangelio y de su mensaje de Verdad, Amor y Esperanza. Por eso te pido que estés siempre atento a su  palabra y abierto a su  verdad para poder llevar a cabo el proyecto de Dios en tu vida.

    Es Jesús, el Señor, quien antes de extender sus brazos en la cruz, ha querido quedarse contigo para siempre en este sacramento que hoy recibes y que sintetiza el Amor infinito que Él siente por ti. Por eso, te pido que cuando el sacerdote  consagre el Pan y lo levante convertido en el cuerpo de Cristo, cuando veas el cáliz que contiene  su sangre, digas desde lo hondo: Es Jesús, el Señor.

    Es Jesús, el Señor, quien te acompañará en tu camino, quien dará luz a tus noches oscuras, quien no dejará que te derrumbes, quien te tenderá la mano aunque le falles. Es Jesús, el Señor, quien te enseñará el valor de la gratuidad, quien llenará tu corazón de paz.

    Quiero pedirte perdón por si alguno de los adornos exteriores ha podido alejarte de lo que es verdaderamente esencial. Los adultos, a veces, somos complejos y no sabemos rebelarnos ante lo que no importa. Confío en que sepas vivir esta fiesta hacia adentro, de la forma que se vive lo verdaderamente importante.

    En este día que también es fiesta para mi, me comprometo a acompañarte en tu camino de fe. Prometo estar a tu lado para descubrir a ese Jesús que nunca deja de sorprender. Prometo agradecer contigo el regalo de la fe, que hace de Jesús, el Señor, el Dios de la historia.  

                                                                                                        MOM.


Mayo 2007