La palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia

             El próximo día 5 de octubre comienza la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que durará hasta el 26 de mismo mes. El tema propuesto por el Santo Padre, que preside el Sínodo, es: La palabra de Dios en la vida  y en la misión de la Iglesia.

             El Sínodo de los Obispos es una institución creada por el Concilio Vaticano II como expresión de la colegialidad de los Obispos. En ella están representados todos los Obispos, dado que la mayor parte de sus miembros son elegidos por aquéllos. Convocada por el Papa, se reúne ordinariamente cada dos o tres años. A veces se celebran Asambleas Generales Extraordinarias; también, en ocasiones, Asambleas Especiales.

             El  Sínodo tiene como objetivo asesorar al Santo Padre en asuntos importantes a fin de ayudarle a ejercer su misión de Maestro, Pastor y Pontífice supremo de la Iglesia.

             Celebrada la anterior Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía, era lógico que la próxima Asamblea tuviera como tema la Palabra de Dios. Palabra y Eucaristía constituyen las dos mesas, más aún, la única mesa del Pan de Vida, que es Cristo.

             La Palabra de Dios es el medio por el cual Dios viene al encuentro del hombre, se le manifiesta y se comunica con él, y, al mismo tiempo, el medio por el cual el hombre busca a Dios, se encuentra con Él, dialoga con Él en la oración; escuchando y aceptando la palabra, cobra vida, la celebra y la proclama.

             Por la Palabra, Dios se manifiesta y revela su plan de salvación sobre la persona humana, sobre su origen y su fin, sobre la naturaleza, sobre la historia, sobre el presente y el futuro. La Palabra de Dios es guía y alimento en el camino.

             En un determinado momento de la historia, la Palabra de Dios se hizo carne y habita entre nosotros para siempre. Cristo es el Verbo de Dios Encarnado.

             Encontramos la Palabra de Dios en las semillas que de la misma ha dejado Dios en la naturaleza creada por él, sobre todo en el hombre, creado a su imagen y semejanza. La encontramos en la Sagrada Escritura, que recoge la palabra pronunciada por el mismo Dios o sus manifestaciones a lo largo de la historia de  la salvación. Es la palabra que se continúa creyendo, celebrando, proclamando y viviendo en la Iglesia; que está presente en el culto – en la Eucaristía, en los demás sacramentos, en la Liturgia de la Horas - en la enseñanza, en el magisterio, en la santidad, en el martirio…

             El Señor y la Iglesia nos invitan a estudiar, escuchar, vivir y proclamar la Palabra de Dios. A venerar, amar, cultivar y servir la Palabra de Dios, a cambiar de vida a impulsos del Espíritu que nos descubre el sentido de la palabra y la hace fecunda en nuestros corazones.

             Al comenzar este nuevo curso 2008-09, hemos de preguntarnos cada uno dónde, cuándo y cómo habremos de encontrarnos con la Palabra de Dios, para escucharla, aceptarla, conformar a ella nuestra vida, servirla y proclamarla. ¿Será en las celebraciones como sacerdotes, lectores o cantores? ¿Será en la enseñanza como catequistas, profesores o educadores? ¿Será en el día a día por el testimonio de vida?

Tus sacerdotes