“RESURECCION”


Mucho se habla hoy de la necesidad de una nueva evangelización. Hablar aquí de las condiciones de la nueva evangelización, sería muy largo. Nos vamos a detener en una de las más decisivas.

Para que los cristianos podamos emprender una nueva evangelización, es necesario que recuperemos y profundicemos en la conciencia de victoria que reina en las páginas del evangelio.

Para una nueva evangelización es necesario que los cristianos pongamos en el centro de nuestra fe y de nuestra vida al Resucitado. Solo a partir de la resurrección de Jesús el Evangelio es verdaderamente Evangelio, es decir, Buena Noticia. Quien se encuentra de veras con el resucitado, lleno de alegria lo da todo por el Reino de Dios que viene con la resurreción.

En la resurrección de Jesús, el Padre nos muestra quien es y qué quiere para nosotros. Es el Dios viviente “que da vida a los muertos” (Roma. 4,17). No se volverá atrás. Ha empeñado irrevocablemente a su propio Hijo.

Gracias a la muerte y resurreción de Jesús, el Padre Dios nos ha dado su Espíritu Santo. El Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús, nos resucitará también a nosotros. Conocemos por el Nuevo Testamento qué frutos produce en nosotros el Espíritu que resucita a vida inmortal: “amor, alegría, paz, tolerancia, afabilidad, generosidad, fidelidad, sencillez, dominio de sí” (Gal. 5,22)

Estos frutos son señales de que vive en nosotros el Espíritu Santo que resucita para la vida inmortal con Dios.

Para la nueva evangelización tiene que ocupar el primer puesto la experiencia y el testimonio de la resurrección. La de Cristo, ya cumplida y la nuestra, esperada. Tal experiencia lleva consigo en nuestras vidas las señales de la presencia y actividad del Espíritu Santo,

A todo esto no podemos olvidar que el Resucitado es el Crucificado. No se los puede separar, si queremos vivir la verdad del mensaje de la resurrección.

José María León Acha