LA RESURRECCIÓN Y EL CRISTIANO


    Si hiciéramos una encuesta en la calle preguntando a la gente por qué y para qué son cristianos y miembros de la Iglesia, habría respuestas de todo tipo. Es muy posible que alguna respuesta fuera que son cristianos pero que no tienen nada que ver con la Iglesia ni con ninguna comunidad cristiana.

    Y sin embargo no hay cristiano sin que sea miembro de la Iglesia y esté adherido a ella. Es trágico el que se separe con tanta facilidad y frecuencia lo que tiene que estar unido: Fe en Jesucristo y pertenencia a su Iglesia.

    Hay Iglesia porque Jesucristo, después de resucitar, se dejo ver de sus discípulos dispersos y decepcionados por su muerte en la cruz, los reunió de nuevo, les dio el Espíritu Santo, les mando a todo el mundo a propagar el Evangelio de salvación y prometió estar con ellos hasta el fin de los tiempos. Nosotros al bautizarnos y hacernos cristianos nos agregamos a aquel primer grupo de discípulos.

    Nosotros, cristianos, estamos llamados a atestiguar, con los primeros testigos, la resurrección del Señor. Nosotros, cristianos, somos testigos, trasmitiendo, por una parte el testimonio de los Apóstoles y, por otra, uniendo a esta transmisión el testimonio de la propia vida, renovada gracias a la acción del Espíritu Santo que resucito a Jesús y que por el Resucitado hemos recibido en la Iglesia.

    Hemos sido elegidos por Dios para una misión bien importante. Hoy, en nuestros días es muy importante recuperar esta conciencia de la misión propia del cristiano, que está bastante oscurecida.

    Nada más urgente para el hombre de hoy que abrirle con la gracia y la acción del Espíritu Santo la esperanza viva de la plenitud de la vida inmortal del Resucitado.


Pascua de Resurrección
José María León Acha
Abril 2007