“VEN SEÑOR JESUS”


Marana tha es la invocación que las primeras comunidades cristianas dirigían al Señor Resucitado.

    En sus reuniones y asambleas, los cristianos lanzaban así a Jesús, el Salvador, su grito, expresión de su ardiente anhelo. ¡Ven Señor! Hoy, con el Vaticano II se ha recuperado esta invocación para la Eucaristía. Después de las palabras de la Consagración, exclamamos también: ¡Ven Señor Jesús! La comunidad que celebra la Eucaristía está a la espera de la venida gloriosa de su Señor.

    Este deseo ardiente por la venida del Señor ha decaído bastante. Nos hemos dicho, como el administrador en el Evangelio de Lucas (Lc. 12,45) "mi señor tarda en venir". Nos hemos instalado en nuestro mundo como si este hubiese de durar para siempre. Hemos dejado de vivir a la espera del Señor. Hablamos y deseamos la justicia, la paz, la salvación pero convivimos muchas veces, resignadamente con la injusticia, el odio, la indiferencia.

    Pudiera objetarse que una espera muy viva e inminente del Señor nos podría hacer despreocupados por los asuntos de nuestro mundo. Esta fue la acusación del marxismo y de muchos otros a los cristianos, la falta de compromiso serio en las luchas por la justicia en este mundo. Pero esta acusación es falsa. Para el cristiano el tiempo que vive a la espera del Señor tiene un valor incalculable. Es tiempo de salvación.

    Por eso nuestra comunidad parroquial quiere vivir al grito de Ven Señor, hermanándose con una comunidad de Nicaragua que atiende y se preocupa de la formación de unos muchachos, el Hogar " Zacarías Guerra".

    Si el tiempo que vivimos a la espera del Señor, es tiempo de salvación, tenemos que vivirlo compartiendo nuestra fe comprometida con los hermanos. Unos hermanos con rostro, con nombre y con historia.

    Lo que movidos por el Espíritu hagamos en favor de la justicia, la paz, el amor, de este tiempo de salvación, que no se repetirá, quedará recogido y trasfigurado en el mundo venidero que nos traerá el Señor que está por llegar.

El Adviento nos invita a una espera activa y a crecer en deseo de la venida del Reino.

José María León Acha